I don’t want excuses /I don’t want your smiles / "I don’t want to feel like we’re apart a thousand miles /I don’t want your attitude /I don’t want your things /But I don’t want a phone that never rings /I want your love and I want it now /I want your love and I want it now... " / (EBTG)

viernes, marzo 05, 2010

Boulevard of broken dreams

Mucho tiempo recorriendo el Sena, siempre descuidado, con el discman a todo volumen; durmiendo en los jardines de Luxemburgo sin fijarme donde dejaba la cerveza, al final se calentaba tanto que de un sorbo la bebía, no podía desperdiciar, todo el dinero se esfumó en aquel hotel Blanche Fontaine frente al Mouline Rouge. Me despertaba muy temprano y algunos días podía comprar pan y jamón para todo el día, al principio me angustiaba confundirme con los días de la semana, temía perder el avión hacía Madrid y quedarme más y más solo tirado en el pasto viendo hacía la Eiffel. Y no por soledad, París me sentaba bien, después de todo ese tiempo ayudándome con un mapa pude haber sido un buen taxista, me aprendí las estaciones del metro, pasé infinidad de veces por el Boulevard Haussmann, visité los restos de Tzara y mi “paz”, era poder comprarme aunque fuese una horrible cerveza Kronenbourg y un bocata de pollo. Escribía algunos poemas, uno sobre mi visita a Tzara, otro sobre Jana, una chica hermosa que había conocido en una clase de bioquímica, también Grissel estaba presente en cada paso hacía Pigalle, hasta que uno de esos “raros días que viajé en metro”, me encontré 40 euros, me llamó la atención un envoltorio tirado cerca de la Salpêtrière; era un pedazo de periódico con una nota sobre viñedos, todo enrollado… una vez más, el vino vendría a salvar mi alma. Encontré el hotel de, en aquel tiempo mi jefe del laboratorio y otro milagro más, en un sobre me dejaba 50 euros que vía mail le había pedido prestado. Me fui directamente a una taberna griega muy cerca de las galerias Lafayette, me pedí pasta, pescado, pollo y dos botellas de vino de creta, al lado de mi en la barra unos negros con ese francés impronunciable me miraban, yo descorché la botella y les serví en unos vasitos de plástico, alzaron sus vasos y no me miraron más, al irse, el negro más mal encarado se me acercó y deslizó sobre la mesa un cd: Diam´s -Brut de Femme. Resultó muy buen disco de hip hop, me lo fui escuchando desde el Boulevard Haussmann hasta mi cuarto en rue blanche.



Al día siguiente, bien desayunado con una Juliette de a litro, un par de huevos fritos y pan, me encaminé al congreso de neurociencias, el metro me dejó en la puerta de ese enorme centro de convenciones, en el segundo piso ya estaba el Dr Velásquez, solo esperando a que yo llegara para encargarme el cartel e irse a Versalles; ja… ambos tomamos como pretexto ese congreso, yo no perdía nada. En las tres horas que estuve parado solo se acercaron tres personas a preguntar, mi inglés como siempre malísimo, pero me hice entender. Me fui al centro de computo y me brillaron los ojos cuando vi esas iMac G3, bocadillos y copas de plástico pequeñas con tinto. Era un buen tinto, durante mi estancia en París estuve comprando varios de un euro, alguno que otro preferí tirarlo al retrete, no es como el tinto español que por más barato que sea es bueno y si no, se mezcla con casera y listo, todo un placer beberlo. Una chica me miraba, ja, no noté mi constante consumo de tinto más que de bocadillos, pero no era por eso, ella no podía con la iMac, me preguntó cómo hacer un zip, busqué el stuffit, lo agregue como attachment y solo bastó darle send. El nombre de aquella chica era Rubi, en mi vida imaginé que alguna vez en mi ibook tendría algún poema inspirado en “Rubi”. Lo curioso fue que en la tiendita al lado del blanche fontaine, en vez de ir por cerveza esa noche, me acordé de Kerouac y su eterno oporto, caminé unos pasillos y me encontré con “Royal Oporto Rubi”, me sonreí… lo que restó de la semana antes de viajar a Madrid, estuve arropado por el dulce y reconfortante Royal Oporto Rubi.

Ahora pienso en París, en el oporto… y en esos últimos momentos buenos que he tenido al lado de Rubi, no con aquella francesa, si no con la chica que es como uno de esos poemas escondidos que Hemingway algún día escribió: / La noche se acerca entre suaves y somnolientas plumas / oscureciendo el día / acariciando el brillo perlado / moldeando el barro / antes de que adquiera la dureza final / exigiendo que nos quedemos. /

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jueves, febrero 25, 2010

careless whisper



Hace tiempo descubrí que escribir ya ni si quiera me salva, y es así, no he encontrado ningún buen pretexto para hacerlo. Me he convertido en una persona más corriente, y eso no es molesto; cuidar a los gatos de dos meses de edad y a la gata recién esterilizada me han convertido en un tipo de las 8 am que cambia la arena, pone más alimento y como ama de casa lava su ropa durante toda la mañana. A las 12 de la tarde me voy desocupando y destapo una Eku, para esas horas ya no se que más “de mi vida”, si me he olvidado de escribir, leer y escuchar música, lo único que me queda es desparramarme en una silla en la azotea y beberme unas cuantas cervezas más mientras veo juguetear a los gatos, esconderse en las plantas y dormirse plácidamente a mis pies. Los gatos, la ropa, los quehaceres del hogar me cansan tanto que a las 11: 30 pm acomodo la colchoneta y me hago espacio entre los gatos; el blanco siempre se duerme al lado de la almohada, y los demás van cayendo a lo largo de la colchoneta; su madre perdió la costumbre de subirse en mi estómago y dormir, aunque ayer lo hizo, afortunadamente todos los gatos se despiertan conmigo, durante todo el tiempo que mis ensoñaciones dan vueltas y vueltas, no hay ni un maullido que me despierte… han entendido que si quieren dormir conmigo, deben levantarse cuando yo sediento a las 9 a.m. destape mi cerveza y les de su lata de salmón en aceite que tanto les gusta.

He pasado temporadas sin poder escribir, y me angustiaba mucho, ahora, no pasa nada, mis emociones están ocupadas en gatos, peleas con los vecinos, actos viles como discutir por cualquier cosa en las calles, ser más intolerante y aprovecharme de ebrios de la cantina de al lado. Ja… creo que siempre mi vida estuvo equilibrada hasta que apareció una mujer, sonaba careless whisper de wham y me enamoré por primera vez, pero un chamaco riquillo se fue con Daniela; después, pobretones, ebrios, peores, mejores, ingenieros, albañiles, biólogos, médicos me han quitado a mis mujeres. En estos momentos, si tuviese una a mi lado, hasta agradecería que un escritorcillo se la llevara. A mi modo son los momentos más budistas que he tenido, por lo menos el desapego a las personas y lo material me es fácil, aunque mi punto débil es el odio hacía la gente, el extremo cuidado a mis gatillos y lo imprescindible de beber cerveza buena: London Porter, Urthel, Carolous… vaya budismo mal entendido, ¡bahhh! pero si el dalai enlamado es más materialista que yo; es lo más que puedo hacer por el zen.

Un vecino me dice que mi problema es que bebo mucha cerveza (lo sabe porque mendiga mis latas vacías), y yo le digo que su problema es que es un ignorante “perderista” que no cree en dios pero si en su mesías amlo; aún así me propuso hacer una asociación de lo que fuese y sacar donativos bajo la mesa para quedarnos con dinero. Yo no necesito de eso, es más, involucrarme con politiquería barata y de doble moral sería un suicidio… solo le sigo la corriente y echo al calentador su propaganda. Hace un par de días me preguntó que porque ya no venía nadie a casa, es decir, porque ninguna mujer me visitaba. -----Gracias a dios no tengo una mujer --- le respondí soltando una carcajada. Se quedó en silencio y se despidió, yo seguí limpiando la arena de los gatos con olor a mierda, cerveza que derramé y soledad lluviosa.

Estoy atado a mi particular pesimismo, a mi muy nueva incapacidad para el amor… atado a mis viejas historias e incluso a los pretextos para escribir.

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